Ella, empresaria e hija de un matrimonio de Escobar ligado al sector de la construcción. Él, uno de los herederos del imperio chocolatero FelFort y hermano del mediático Ricardo Fort. Con 19 años en pareja y tres hijos en su haber, Eduardo (43) y Karina Antoniali (39) finalmente decidieron formalizar su relación en la parroquia Natividad del Señor, del partido de Escobar. El gesto feliz de los novios y sus padres contrastó con el semblante serio de Ricardo, quien siguió atentamente la ceremonia junto a su novia, Virginia Ga-llardo, y sus hijos Felipe y Marta desde la primera fila. Minutos antes, el más famoso de los Fort había atravesado las puertas de la iglesia en forma sigilosa, evitando a fotógrafos y periodistas que esperaban su llegada. La sutil maniobra del mediático se debió, quizás, a un intento de no acaparar la atención en un evento en el que por primera vez la figura no era él, sino su hermano. Pero poco duró su estrategia: una vez finalizada la ceremonia, bastó con que Ricardo pusiera un pie fuera de la iglesia para que un malón de escobarenses invadiera el patio principal de la parroquia en busca de autógrafos y de una foto con el ídolo. Entonces sí, Fort desplegó su habitual sonrisa y habló con 7 DÍAS.
–Se lo vio serio durante la ceremonia.
–A mí no me emocionan mucho los casamientos. No soy muy creyente.
–¿Cómo está la relación con su hermano Eduardo?
–Normal.
–Normal dice mucho, ¿no?
–Y..., normal (ríe).
–¿Habló de casamiento con Virginia?
–Justo estábamos hablando de eso. A mí no me mueve todo esto de casarme por iglesia, y ella me dijo: “a mí me encanta”. Y bueno, metí la pata (ríe). Yo lo haría por ella, pero no por la religión.
Virginia Gallardo: –Hay una discordia ahí. Él mucho no cree en el tema del casamiento.
–Pero, por amor...
V.G.: –Y, ojalá. Yo le dije que sí, que me encantaría casarme y formar una familia. Pero todavía no se está hablando mucho del tema.
UNA FAMILIA ESPECIAL. “La relación entre ellos está bien, viste que los hermanos en un momento se pelean, y al otro se aman. Es normal que pasen estas cosas”. Pun-tual, elegante y risueña, Marta Fort negó los rumores de peleas en el núcleo de la familia chocolatera. En cambio, Ricardo no hizo el mismo esfuerzo que su madre para ba-jarle el tono a la interna familiar. Y un dato clave confirmaría el distanciamiento entre los hermanos: Ricardo nunca regresó a la fiesta.
Una persona cercana al matrimonio contó a 7 DÍAS que el faltazo de Ricardo cayó mal a los novios y al resto de la familia. “Eduardo es un tipo humilde, y no le gusta nada el nivel de exposición al que se acostumbró Ricardo. Y aunque a Marta también le encanta, a ella la respeta por ser su mamá. Pero entre ellos, relación cero”. Otra ausencia llamativa fue la de Jorge (47), el mayor de los hermanos Fort.
Karina, la mujer de Eduardo desde hace veinte años, momentos antes de ingresar a la iglesia, dijo a esta revista que fue ella quien tomó la iniciativa: “le dije: ‘antes de los 40 nos casamos. Y me tenés que decir que sí’”. Con un elegante vestido de la diseñadora Maggie Sottero, y a pesar de estar algo retrasada, la novia se tomó unos minutos para dialogar con la prensa. "Tengo un corazoncito en Escobar, por eso elegimos este lugar". Dentro de la Iglesia, el novio –también de blanco– esperaba con sonrisa nerviosa la llegada de su esposa.
Después de los saludos en el atrio, la flamante pareja se dirigió al hotel Sofitel "La Reserva Cardales", en un espectacular automóvil Bentley modelo ’59 para continuar el festejo, seguidos por una limusina en la que viajaban sus hijos Macarena (11) y los mellizos Dipietro y Angelina (3). Los 200 invitados disfrutaron de un lujoso catering (a cargo del hotel) que incluyó una imponente mesa de fiambres, seguida por sushi, salmón con caviar y hasta un ciervo ultimado por el mismo novio, fanático de la caza mayor. Ahí sí, Marta Fort se animó a cantar algunos tangos de su repertorio. Los invitados le pusieron ritmo a la noche con shows “cada 10 minutos”, algunos de ellos protagonizados por bailarines del staff de Marcelo Tinelli. Alimentado por abundante cotillón y champagne Barón B, el festejo se extendió hasta las seis de la mañana. Al terminar la noche, los novios, sus familiares directos y algunos amigos se alojaron en habitaciones, invitados por la pareja, mientras que otros tuvieron que hacerse cargo de su cuenta en el exclusivo hotel, cuyas habitaciones no bajan de los 400 dólares la noche.
Aun teniendo cinco habitaciones pagas, Ricardo Fort decidió no asistir a una de las noches más importantes en la vida de su hermano Eduardo.
Por Facundo del Villar
Fotos: Gmpress.