Casi dos semanas duró la pesadilla de las familias de Franco Soria (17) y de su amigo Amadeo Martínez (38), quienes el pasado viernes 2 de agosto ingresaron al Río de la Plata para pescar y ganarse la vida vendiendo aquello que conseguían y ya no salieron.
Desde el sábado 3, y después de las correspondientes denuncias radicadas por sus allegados, se inició una profunda búsqueda por diferentes áreas y bajo diferentes modalidades. Se los buscó por agua, tierra y aire, con barcos, lanchas, aviones, helicópteros, perros adiestrados y caballos atravesando montes. Prefectura Naval Argentina (PNA), guardacostas y personal de la Municipalidad de Ensenada, además de bomberos y hasta civiles de embarcaciones que se encontraban en el río, pusieron lo mejor de sí para dar con los pescadores, recorriendo más de 50.000 kilómetros cuadrados.
En el medio, los familiares de las víctimas pidieron, una y otra vez, que la búsqueda no cese, pese a que los resultados, en cada rastrillaje, eran negativos y los días avanzaban, atentando así contra las posibilidades de hallarlos con vida. En el medio, también, un bombero voluntario sufrió un cuadro de hipotermia y debió ser internado en el hospital Cestino. Pero la pesquisa continuó, una jornada tras otra, desde las primeras horas de la mañana.
Y ayer, miércoles, se tuvo la primera información precisa con la irrupción de un cuerpo en la zona de la rada, entre el límite de la Isla Paulino y la Isla Santiago, a unos 11 kilómetros de donde habían sido visto los hombres por última vez. Tras rescatar los restos del agua y trasladarlos a la Morgue Judicial, se estableció una cosa: no pertenecían a Amadeo, ya que éste poseía un característico tatuaje en el antebrazo que el cadáver rescatado no tenía. Y después sí, llegó la confirmación de que se trataba de Franco. Fue su propia madre quien lo reconoció.
Ante la aparición de Soria, los investigadores estaban convencidos de que hoy sería un día clave y decisivo: los restos de su amigo no podían estar lejos. Y finalmente la PNA dio con ellos, a unos 3.000 metros del malecón de la Isla Paulino, hacia el lado de Berisso y más cerca de la costa. Las autoridades habían puesto la mira en ese sitio ante la sospecha de que podría encontrarse allí. Y no se equivocaron.