Lautaro Bugatto tenía 20 años cuando la noche del 6 de mayo de 2012 recibió un balazo en la espalda en la puerta de su casa. El joven, padre de una beba de 2 años, era jugador de Banfield y estaba a préstamo en Tristán Suárez. Falleció en el hospital porque el plomo le llegó al pulmón. Por el hecho, está imputado el policía David Ramón Benítez, que en ese momento se encontraba de civil en las esquinas de la avenida Monteverde y Pedro Goyena, en Burzaco. El hombre de la Bonaerense primero disparó sentado en su auto y luego, al bajarse, caminando. Durante el juicio, su defensa expuso que se trató de un tiroteo. Pese a que en el lugar se encontró sólo un tipo de casquillo. Todos pertenecían a su arma.
El juicio por el asesinato de Bugatto está en la recta final. El miércoles 3, en los tribunales de Lomas de Zamora se presentaron los alegatos. El fiscal Jorge Bettini Sansoni pidió que se condene a Benítez por homicidio agravado y una pena de 12 años de prisión. También exigió que se realice una investigación por falso testimonio a la esposa del ex policía, Andrea Cerda, y su hermana, María del Pilar Benítez. La querella, en tanto, exigió 20 años de cárcel para Benítez, ya que “no colaboró con la familia”, “amenazó a los amigos que se acercaron” a Lautaro y además es “un profesional en el manejo de armas”. El jueves 11 el acusado presentará su declaración final y se espera que a mediados de septiembre se conozca la sentencia.
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Será el final de un largo camino, plagado de dolor para la familia de Bugatto. Es que, además, debieron lidiar con un sinfín de amenazas e intimidaciones. El desenlace del juicio enterrará finalmente muchas versiones que carecieron de sentido y que vincularon a la víctima con un supuesto robo. “Cuando lo matan a mi hermano, en la misma esquina, dos pibitos quieren robar la moto en la que iban la hermana de Benítez y su hija. Hay un forcejeo, pero sin violencia. Ahí es cuando Benítez comienza a disparar. Los dos pibes salen corriendo por el lado de la calle Goyena. Él dispara para Goyena, pero también para Monteverde, que es donde estaba Lautaro”, cuenta Gonzalo Bugatto a 24CON. “Sus amigos se esconden detrás del auto de Lautaro (un 206 propiedad del futbolista), pero él estaba de espaldas y recibe el balazo”.
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A partir de entonces, una serie de irregularidades y contradicciones intentaron embarrar el caso. La defensa de Benítez colocó a Lautaro como uno de los ladrones que intentó robar la moto. Incluso lo acusaron de tirotearse con el policía. “Tuvieron que inventar pruebas para acreditar el enfrentamiento. Para incriminar a mi hermano como autor del robo y del enfrentamiento”, contó Bugatto a este medio. El auto en el que viajaba Benítez fue utilizado por la defensa: la noche del crimen el vehículo fue secuestrado y sometido a pericias por parte de la policía científica. Sin consentimiento del fiscal, al día siguiente se lo devolvieron a la esposa del acusado. “Después se presenta Benítez de manera espontánea a declarar con el auto, que tenía dos orificios supuestamente de bala. Uno en la óptica y otro en la parte lateral. Durante el juicio, un perito aseguró que los agujeros se hicieron con un objeto punzante y no con balas”, agregó el hermano de la víctima, quien además remarca como agravante la destreza que Benítez tenía para manejar el arma: “Era un profesional. Se recibió en el Liceo Militar y antes de entrar a la Bonaerense trabajó como custodio. Tenía más de 17 años de experiencia con armas”.
Desde que ocurrió el hecho y durante largos meses, la familia Bugatto y sus amigos recibieron todo tipo de amenazas e intimidaciones. “En un momento los patrulleros se paraban en la puerta de mi casa y se quedaban ahí”, comienza a enumerar Gonzalo. “A un amigo de mi hermano que estaba en el auto un día se le acercó un policía apuntándole y cuando llega al lado de él baja el arma y le preguntó qué modelo era el vehículo, si se seguían fabricando. Eso fue a 15 días del asesinato”, sigue el hermano del joven futbolista asesinado, quien también notó que tiene los teléfonos de su casa pinchados.
Pero en la larga lista de “mensajes” hay dos que estremecen. “Una noche mi mamá se juntó con sus amigas en casa. Se fueron de a una, por separado. Cuando se pusieron en contacto, todas coincidieron en que habían sigo seguidas de cerca por autos civiles”, detalla Bugatto. Y concluye: “Detuvieron a un pibe en la puerta de mi casa. Le empezaron a pegar, le dieron la cabeza contra el capot. Salió mi mamá para decirle a la policía que no podía actuar de esa manera. Llaman a más móviles y en medio de la discusión un policía le dijo: 'Usted es una vieja resentida'. A los pibitos los habían parado porque la moto estaba pinchada. 'Con la detención basta', les dice mi mamá. Vinieron trece efectivos para llevarse presa a mi mamá. Pero a mi vieja le mataron a un hijo, no se va a comer los mocos por más que la rodeen mil policías".
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