Solange Bellone de Forza tiene la llave de la verdad. Pero calla. Ahora su esposo es una víctima del mal y quedó atrás el recuerdo turbio de los dólares amasados a base de medicamentos adulterados y la quiebra de sociedades como papel picado. Toda una vida construida a base de plata quemada. Así vivió. Rápido, muy rápido.
El juez federal Federico Faggionatto Márquez quiere saber en qué andaba Forza antes de caer agujereado a balazos en una zanja de General Rodríguez. Y Solange está nerviosa. Una trouppe de cuervos bien letrados rodea el triple crimen para hallar "fallas de procedimiento". Solange zigzaguea como le enseñó el inefable Sebastián. Su marido planeaba adquirir un laboratorio de renombre, pero en situación de quiebra, con la idea de exportar efedrina y precursores químicos a granel con la pantalla legal de los antigripales. Todo lo simple es complejo. El nexo con la Aduana era Leopoldo Bina que prometió más de lo aconsejable a los mexicanos de Sinaloa. El grupo que llegó para quedarse y hacerse millonario está organizado de forma celular. Muchos ni siquiera se conocen entre sí. Aquí comenzó a tallar don Jesús Martínez Espinosa –el jefe prófugo del Cartel en la Argentina, intensamente buscado por INTERPOL y la DEA, quien adquirió cash una casa quinta en Ingeniero Maschwitz para convertirla en un laboratorio gigante. Allí puso a trabajar a nueve soldados de "La Clica", monitoreados por Luis Tarzia, el buen vecino de La Lucila, que se encargaba de la logística local del Cartel con una capacidad de producción de 200 mil pastillas de éxtasis por semana.
Lo que no se sabe aún es en qué lugar del conurbano asesinaron con balas calibre 40 a Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón. El galpón de General Rodríguez que alquiló el ex funcionario de ése municipio, Manuel Poggi -quien continúa preso a disposición de Faggionatto Márquez-, será objeto de una profunda pericia, porque el magistrado sospecha que aquello era mucho más que un depósito de efedrina mexicana. Sin embargo, de colaborar con la Justicia, Poggi podría convertirse en "testigo protegido". Por ahora, duerme solo en una celda de Tribunales, lejos de los sicarios.
Está absolutamente confirmado en el expediente de 2 mil fojas que el 16 de julio, dos días antes del allanamiento de "la cocina azteca" de Maschwitz, Tarzia, Forza y Jesús Martínez Espinosa se comunicaron al menos en cuatro oportunidades. ¿Lo sabía Ariel Vilán y por eso decidió suicidarse cayendo del 9º piso de la casa de su madre un día domingo? Quien sabe. La muerte de Vilán se dio a conocer por televisión un día después y ningún canal de noticias mostró su cuerpo sobre la calle San Juan al 4100, cuando lo visitó el pánico y la muerte.
Pero hay más: está libre otro mexicano que trabajaba con don Jesús. Ambos tienen causas abiertas en el Distrito Federal por "secuestro y homicidio".
El doble asesinato de los colombianos Jorge Alexander Quintero Gartner y Héctor Duque Cevallos, que cayeron en el ataque a balazos calibre 40 en el estacionamiento de Unicenter –apenas seis después de la "caída" del laboratorio de Maschwitz-, dice mucho. Ambos vivían holgadamente en un country de Pilar con una presunta empleada doméstica colombiana y Julián Andrés Jiménez Jaramillo, el sobreviviente que ahora es "testigo protegido" de la Bonaerense.
Sebastián Forza, el esposo de la silenciosa Solange, conocía a Jiménez Jaramillo y se comunicó con él.
Todo parece indicar que hay más de un Cartel internacional "desprendido" operando en la Argentina. Por eso la saga trágica de los seis muertos seguidos.
Ellos matan sólo por dinero. Y por él, también mueren.