a Floreal Avellaneda, 12 de agosto de 2009
“… Hay golpes en la vida, tan fuertes … ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma…Yo no sé! …”
(César Vallejo, Los Heraldos Negros. 1918)
Hoy , como tantas otras veces , el Derecho se reconcilia con la Justicia. Esta relación ambigua que muchas veces se da en nuestra profesión de abogados esta noche hace celebrar a muchos y nos brinda seguridad a todos.
Claro está que no es una celebración como otras sino que tiene el signo trágico y feroz de la cruenta dictadura que gobernó al país y sesgó la vida del “Negrito Avellaneda”. Es la alegría que tiñe el dolor con esperanza militante. Es una rara sensación que con el paso de las horas nos hace brotar nuevamente las lágrimas.
Los queridos colegas que con tanto desvelo y profesionalismo llevaron adelante las querellas encontrarán esta noche, en el silencio de sus pensamientos, el recóndito espacio donde un abogado se felicita por el juramento cumplido.
No es un fallo más. Es una sentencia que, más allá del quantum de las penas, delimita en cabeza de los militares y policía bonaerense juzgados, una mecánica genocida que trasciende el espectro de los delitos comunes transformándolos en crímenes que afectan a la humanidad toda y por lo tanto imprescriptibles. Así se determinó mandando a cárcel común a los infames asesinos.
Nada ya será igual en el juzgamiento de las actividades genocidas desplegadas en Campo de Mayo. La contundencia jurídica en ciertos tramos de la fundamentación del Tribunal Oral interviniente tornarán al fallo que hoy presenciamos de cimiento dogmático y procesal para las causas a debatir en un futuro cercano.
Los otrora heraldos de la muerte que marcaron a fuego y sangre la vida de los padres de Floreal gozaron a lo largo del proceso de los derechos y garantías constitucionales que ellos no concedieron y la sociedad toda se consagra en ese acto de legalidad que torna aún más execrable el criminal proceder.
“Ellos” saben que no descansaremos y eso los preocupa, los altera. Puerilmente se victimizan valiéndose para ello de confusas argumentaciones que no hacen más que ratificar su cobardía evidente. Nunca tuvieron agallas y hoy parte de los “ellos”, deben explicar a su familia porque dormirán en el calabozo esta noche, y la de mañana, y …
Seguramente la biología inexorablemente cumplirá su rol y la muerte, gran igualadora de los hombres, los sorprenderá confinados. ¿Arrepentidos?, no creo… las almas oscuras no pierden tiempo en esas nimiedades.