Dentro de estas opciones, Reserva La Juana es uno de las alternativas ineludibles para los que desean entrar en contacto con la naturaleza en el marco del río y la soledad más acogedora. La Juana queda sobre el río Carabelas, a unos veinte minutos de navegación desde el Puerto de Escobar. En este sentido, vale recordar que para llegar al Puerto de Escobar, sobre el Paraná de las Palmas, se debe recorrer la ruta 25, que atraviesa la ciudad de Escobar y llega hasta la ribera del río, luego de sortear el puente que cruza el río Luján. Una vez allí, una embarcación puede llevar al visitante al paraíso que propone La Juana.
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Rodeado de un paisaje salvaje y exuberante, la reserva posee algo más de 60 hectáreas dentro de un área protegida por la UNESCO en las que es posible llevar a cabo caminatas, realizar avistaje de aves, reconocimiento de flora y huellas de animales como el carpincho y el ciervo de río, llevar a cabo safaris fotográficos, pescar, hacer canotaje o simplemente relajarse para gozar de la naturaleza y darle un premio al descanso. Cabañas bien equipadas en las que se puede gozar de una estadía inolvidable, playas de arena privadas, excursiones de medio día o día entero, guías bilingües y la posibilidad de organizar eventos sociales y empresariales completan la oferta de esta magnífica reserva en la que la fauna y la flora están allí, al alcance de los sentidos, para ser disfrutadas en toda su dimensión. Sencillamente, una experiencia inolvidable.
El Delta del Paraná, luego de la colonización española, fue poblado por los jesuitas que junto con aborígenes cultivaron la región hasta que fueron expulsados en 1767. La zona, al quedar abandonada, fue refugio de corsarios, piratas y contrabandistas.
Precisamente el río Carabelas (donde se ubican Isla Margarita y Reserva La Juana) debe su nombre a las embarcaciones de este estilo, que en época colonial aguardaban en este río tener agua y viento suficiente para entrar al puerto de Buenos Aires o seguir camino río arriba hacia el Paraguay. En esta época virreinal las carabelas iban y venían cargadas de mercaderías y riquezas. Al quedar fondeadas aquí, eran presa sumamente fácil de piratas y corsarios, quienes atacaban, robaban y rápidamente se hacían con el botín, escondiéndose en las islas, cuya tupida vegetación hacia prácticamente imposible cualquier intento de apresarlos.
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Dos de las bandas piratas más feroces y conocidas que asolaban allá por 1870 los brazos de esta zona del Delta fueron la de Marica Rivero y ¨Correntino Malo¨. Fue una época donde también criminales de otras provincias litoraleñas y del Uruguay, huyendo de la justicia, se refugiaban en las isla, que eran tierra de nadie y donde regia la ley del más fuerte. Ellos terminaban formando las bandas de piratas.
Esta situación llevó al gobierno a organizar operativos contra estas bandas. Pero lo que mas resultado dio fue la entrega y venta de estas tierras a precios muy económicos y hasta regaladas a inmigrantes europeos para colonizar el área hacia fines del siglo XIX y principios del XX. Muchas de estas colonias aun subsisten como es el caso de los vascos en el río Carabelas.
21 de julio de 2010
Fuente: Hostnews
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