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La carretera más extensa de la Argentina –tan emblemática como la mucho más promocionada Ruta 66 que atraviesa los Estados Unidos– agita los mitos y las leyendas, mientras avanza a la par de la Cordillera de los Andes por la Patagonia, Cuyo y el Noroeste. En ese derrotero desde Punta Loyola (en Santa Cruz) hasta La Quiaca (Jujuy), se suceden paisajes tan disímiles como un lago cristalino alimentado por un glaciar y la más desangelada aridez de la Puna. Corre a la par de la mundialmente famosa Ruta del Vino de la Argentina, que alcanza una de sus mejores expresiones en Mendoza, pero también se despliega en los viñedos y bodegas de San Juan, La Rioja, Catamarca y los Valles Calchaquíes salteños, según publicó Clarín.
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En el extremo opuesto, la ruta marca oficialmente su Kilómetro 0 en Punta Loyola, cerca de Río Gallegos, pero es apenas una huella intransitable en el primer tramo. Por eso, en realidad se inicia 100 km más adelante, al pie del faro y la pingüinera de Cabo Vírgenes.
En este informe se consignan cuatro crónicas que ilustran fascinantes aventuras por distintos tramos de la Ruta 40 y, de paso, proponen escalas en lugares imperdibles del trayecto. Además, un listado de los puntos más críticos del camino en cada provincia, especialmente en los tramos de ripio y en sectores de montaña, como para estar advertidos y circular con mucha precaución. Para poder completar la aventura en dirección a ese horizonte de la Ruta 40, que siempre amaga con acercarse y vuelve a tomar distancia.
30 de agosto de 2011